Fútbol Base 10: Fútbol Base: ocio o negocio

Fútbol Base: ocio o negocio

En los últimos años el fútbol base ha crecido de manera destacable en cuanto al número de niños participantes. Muchos clubes han pasado de tener uno o dos equipos por categoría a tener cinco, seis e incluso más. El fútbol base en los últimos años ha dejado de ser una actividad de deporte recreación para convertirse en una actividad de deporte competición. El continuo crecimiento en el número de niños federados y, por lo tanto, con ficha en algún club o escuela de fútbol, ha convertido esta actividad, que hasta hace no muchos años era vista y gestionada por la mayoría de clubes como una actividad de ocio, en una actividad con grandes posibilidades de negocio.

Antes nadie se planteaba hacer negocio teniendo dos equipos de fútbol-7 por categoría. Los ingresos que recibías por las inscripciones de los niños te llegaban, a duras penas, para pagar el alquiler de los campos de entrenamiento, árbitros, material, limosna a los entrenadores,… Pero cuando ves la posibilidad de multiplicar por cuatro el número de inscripciones en tu club la cosa cambia. Subes las cuotas de inscripción, si antes entrenaban en una mitad de campo dos equipos de fútbol-7 ahora entrenan seis, si antes cada equipo estaba formado por doce niños ahora lo forman dieciséis, si antes les dabas un chándal tras el pago de la cuota ahora se lo haces pagar a cada niño, y así, poco a poco, ante tanto niño, se abre una posibilidad de negocio que antes, con muchos menos niños, no existía. O al menos los beneficios que se podían obtener no merecían tanto la pena.

Pero la pregunta es, ¿cómo llega un club que tenía uno o dos equipos por categoría a tener seis equipos o más y hacer así negocio con ello? La respuesta es clara, ganando. Empezando por los más pequeños de todo. Ganar, ganar y volver a ganar. No hay otra manera. No hay otra manera porque los padres, por norma general, no tienen una formación deportiva a sus espaldas que les permita evaluar el proceso formativo de cada uno de los clubes para finalmente elegir cuál es el mejor y a cuál llevar a sus hijos. Los padres, simplemente, entienden que si un equipo de niños gana es porque los niños que hay en él son buenos, y si los niños que hay en un equipo de fútbol son buenos es porque se está trabajando bien con ellos. No se plantean que quizás ese niño ya era bueno antes de entrar en el equipo, no se plantean que ese niño ha estado los últimos cuatro años en un equipo diferente y es donde realmente aprendió lo que sabe, no se plantean nada de esto porque no lo saben, lo desconocen. Lo desconocen y los clubes saben de la existencia de ese desconocimiento. Por eso fichan a niños de siete años que destacan en otros equipos. Porque, salvo los padres del propio niño, todo el mundo pensará que lo han formado ellos. Crean equipos llenos de estos niños fichados de otros clubes y ganan. Sólo faltaría.

Y ahí se acerca el efecto llamada. El club primero ha conseguido ganar con los medios que tenía, probablemente sacrificando cierta parte de la formación de los niños para alcanzar estos resultados, posteriormente empezó a fichar a niños de otros clubes ofreciéndoles jugar en una división al que su club de origen no aspiraba (aunque esto fuese dicho a padres de prebenjamines), y finalmente llega el efecto llamada.

Padres que tienen a sus hijos en un club de fútbol diferente, o que simplemente no lo tienen en ningún club, ven jugar un día, de casualidad, a un equipo de ese club que ha pasado en los últimos años de tener uno o dos equipos por categoría a tener tres o cuatro. Ven que los niños de ese equipo juegan bien, que van ganando 8-0 en el descanso, y que además parece ser que ganan así en todas las categorías que tienen, o eso dice el padre de Miguel, compañero de fútbol de sus hijos.

Como es lógico, ante el desconocimiento total y absoluto de cómo funciona el fútbol base, estos padres entienden, como bien dijimos previamente, que se está trabajando muy bien con esos niños en ese club y por eso juegan tan bien al fútbol. Sin dudarlo, a principio de la nueva temporada, se presenta en un entrenamiento de este club ganador con su hijo, diciendo que el niño querría hacer las pruebas para entrar.

El niño no da el nivel para el equipo A, que son todos niños que fueron llamados expresamente por el club, tampoco para el B, ni para el C, ni para el D, ni para el E. Pero, curiosamente, su hijo sí que da el nivel para ingresar en el equipo F. De hecho le dicen que es el equipo ideal para que su hijo progrese y mejore.

El padre asiente con la cabeza y se va contento porque han aceptado a su hijo en un club ganador, así que su hijo tan malo no debe ser. Además le van a enseñar a jugar al fútbol porque en ese club entrenan muy bien a los niños. La realidad es que su hijo podría ser el jugador más malo del mundo que lo iban a aceptar igual. Su hijo no es un jugador de fútbol, su hijo es dinero para el club. Su hijo va a financiar los viajes que tengan que realizar los niños buenos que salgan a jugar fuera de la provincia. Su hijo es un número más, concretamente un 300 más, 300 euros más. Porque no sabe que el fútbol base ya no es ocio, ahora es negocio.